Cambiar el plato de ducha sin obra: cuándo es posible
Si tu plato de ducha está agrietado, amarillento o simplemente no aguantas más esa cerámica de hace veinte años, lo primero que piensas es: “menudo follón, va a haber que picar medio baño”. No siempre. Hay casos en los que se puede cambiar el plato de ducha sin obra, o casi, y otros en los que sí toca meter mano. Vamos a ser sinceros y a contarte cuál es cuál, sin venderte humo.
¿Qué significa “sin obra” de verdad?
Cuando hablamos de cambiar el plato sin obra nos referimos a retirar el plato viejo y colocar uno nuevo aprovechando el mismo hueco y el mismo desagüe, sin tocar la pared ni los azulejos. Ni escombros por el pasillo, ni alicatador, ni dos semanas con el baño inutilizado.
Eso es perfectamente posible cuando se dan estas condiciones:
- El plato nuevo tiene la misma medida que el antiguo, o una ligeramente menor.
- El desagüe está en una posición compatible y en buen estado.
- Hay una pendiente correcta hacia el sumidero.
- El cerco de azulejo alrededor del plato está sano.
Si se cumple todo esto, el cambio es rápido y limpio. En la práctica hablamos de unas pocas horas de trabajo, no de una reforma.
El truco del plato a medida
Aquí está la clave, y es donde mucha gente se atasca. Los platos estándar vienen en medidas cerradas: 70×140, 80×120, 90×90… Si tu hueco no coincide con ninguna, te encuentras con dos malas opciones: o pones uno más pequeño y tapas el hueco sobrante con perfiles feos, o picas azulejo para ajustar. Ni una ni otra convence.
La solución elegante es fabricar el plato exactamente a la medida del hueco que deja el plato antiguo. En Aquatit somos fabricantes de platos de ducha de resina con carga mineral y los hacemos a medida, así que en lugar de adaptar tu baño al plato, adaptamos el plato a tu baño.
Si el plato encaja al milímetro en el hueco existente, no hay que picar nada. Esa es la diferencia entre un cambio de un día y una reforma de dos semanas.
Puedes elegir entre acabados Liso o Pizarra según el estilo de tu baño, en tamaños desde 60×60 hasta 100×200. Y como te calculamos el precio al instante introduciendo tus centímetros, sabes lo que cuesta antes de decidir nada. Cada plato sale de fábrica con su sifón y su rejilla incluidos, así que no vas comprando piezas sueltas por ahí.
Cuándo sí hay que picar (un poco)
Seamos honestos: no todo se resuelve sin obra. Hay situaciones en las que vas a tener que asumir algo de trabajo:
- Cambias de medida de forma importante. Si pasas de un plato de 70×70 a uno de 80×120, el azulejo que rodeaba el plato viejo queda a la vista y habrá que rematarlo.
- Mueves el desagüe. Si el sumidero no encaja con la salida del plato nuevo, toca tocar fontanería, y eso casi siempre implica levantar algo de suelo.
- Pasas de bañera a plato. Este es el caso clásico de obra de verdad. Quitar una bañera deja un hueco grande, con azulejos a media altura y una instalación pensada para otra cosa. Lo contamos con detalle en nuestro artículo sobre cambiar la bañera por un plato de ducha.
En estos casos la obra suele ser menor de lo que la gente teme, pero existe. Mejor saberlo de antemano que llevarse la sorpresa con el albañil dentro de casa.
Paso a paso de una sustitución limpia
Cuando el cambio es directo, el proceso es bastante sencillo:
- Retirar el plato viejo. Se corta el sellado perimetral, se desconecta del desagüe y se levanta. Con cuidado, suele salir entero o en pocos trozos.
- Comprobar el desagüe y la pendiente. Es el momento de mirar el estado del bote sifónico y asegurarse de que el agua va a evacuar bien. Si algo está deteriorado, este es el momento de cambiarlo.
- Asentar el plato nuevo. Los platos de resina son extraplanos y se sobreponen sobre el solado existente, conectándose al mismo desagüe.
- Sellar y rematar. Se aplica silicona de calidad en todo el perímetro y, si hace falta, un perfil de remate discreto entre el plato y el azulejo.
Poca suciedad, ningún escombro de obra y un baño operativo el mismo día. Eso es lo que se consigue cuando las medidas están bien tomadas desde el principio.
Una recomendación antes de comprar
El error más común es pedir un plato sin medir bien el hueco real. Mide el largo y el ancho disponibles, anota dónde queda el desagüe respecto a las paredes y comprueba que la pendiente actual funciona. Con esos datos, fabricar el plato perfecto es coser y cantar.
Nuestros platos cuentan con clasificación antideslizante C3, se sirven con sifón y rejilla, y enviamos a toda Europa. Si tienes dudas sobre tu caso concreto, cuéntanoslo: solicita tu plato a medida y te ayudamos a que el cambio sea lo más limpio posible, sin obra cuando se puede y con la menor obra posible cuando toca.
¿Listo para tu plato a medida?
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